Estimados y estimadas, después de mucho tiempo terminé la historia de citrola que llevaba tanto tiempo postergada, ojala que la disfruten. si por alguna razón alguien se siente tocado o tocada, así es la vida es una historia ficticia pero muy real. No la puedo pegar asi que voy a tratar de copiarla aqui.
Capítulo I
Hola, me llamo “pollola”, mi dueño actual me dice así, mi nombre es una combinación de cómo él llama cariñosamente a su señora y la palabra citrola. Casi todas mis hermanas tienen nombres, “la Michelle, la Nancy, la paloma, la 57, claro que hay algunos que nos llaman de maneras no muy agradables pero no me importa porque he vuelto a ser feliz.
Nací hace mas o menos 40 años en la ciudad de Arica en el norte de Chile, si, aunque no lo crean, en nuestro país se fabricaban autos, traían sus partes desde Europa y los armaban aquí. Mi primer dueño Felipe, que era profesor, me fue a buscar a Rancagua en una venta de autos. Yo esperaba junto a mis hermanas en un salón muy lindo y me imaginaba quién sería la persona que me iba a comprar. Mi pintura era de color celeste obscuro y mis asientos beige. Aunque éramos parecidas cada una tenía algo que nos hacía distintas a las demás sobre todo el color. Había algunas rojas, grises, verdes y sobre todo blancas que eran las favoritas de la gente, por eso cuando Felipe llegó junto a su esposa Amanda y sus hijas Camila y Laura y se detuvieron frente a mí, supe inmediatamente que nos iríamos juntos. Felipe le pidió a don Víctor el dueño de la automotora si me podían salir a probar antes de comprar.
Fuimos a dar una vuelta, extrañamente muy corta, después me di cuenta que fue amor a primera vista. Felipe pagó, recibió sus documentos y partimos rumbo a Pichilemu. El viaje fue por la carretera Panamericana hasta San Fernando siguiendo las instrucciones al pie de la letra máximo 80 en cuarta. Felipe se detuvo para revisarme, yo me reía mucho porque buscaba por todos lados la tapa del radiador parece que no sabía que no la necesitaba pues mi motor era enfriado por aire igual que otro auto llamado escarabajo que era de origen alemán. A todo esto se me olvidaba contarles que mis primeras hermanas nacieron por allá por el año 1939 en un país de Europa llamado Francia, tuvieron que estar escondidas durante la segunda guerra mundial pero en una exposición en París en el año 1942 todo mundo nos pudo conocer.
Felipe por fin decidió preguntar a un taxista por el radiador, éste le explicó que no usaban agua, le echó una mirada y le dijo que todo estaba bien. Felipe y su familia tomaron café con sándwiches y reiniciaron al viaje. Cruzamos el puente del rio Tinguiririca y avanzamos hacia un cruce ferroviario.
Puse mucha atención y escuché que decían que era el tren del ramal a Pichilemu. Cuando pasó junto a mi pude darme cuenta que estaba bastante viejo, según supe después ya a esas alturas cumplía como 80 años, aunque se veía así el tren estaba orgulloso de su trabajo. Lo vi acercarse, mi dueño frenó pues debíamos dar paso a aquel añoso “pata de fierro” como la gente cariñosamente le decía. Observé a los niños en la ventanas del tren que me saludaban y me decían “hola citrolita” “que raro el auto parece un caracol”,
Cuando nos cruzamos me saludó con dos silbidos muy agudos diciéndome bienvenida a las tierras de Colchagua. A mi me pareció muy largo pues como pude contar eran como 10 carros. Ese tren se alejó con su humo y su vapor con destino a la playa.
Continuamos viaje por la carretera a la costa. Felipe comentaba con Amanda su esposa acerca de lo buena que era mi amortiguación sobre todo que sus dos hijas Laura y Camila ya desde hace 1 hora que se habían quedado dormidas. Felipe dijo que me iba a probar en los cerros yo no tenía idea de que hablaba pero después lo entendería…
Recorrimos varios pueblos y ciudades que están a lo largo de la carretera, Nancagua, Placilla, Palmilla y nos detuvimos en un pueblo muy antiguo con una estación grande y colorida, ahí me encontré de nuevo como mi amigo el tren del ramal. Estaba esperando a su hermano que venía de vuelta del balneario, Felipe se detuvo frente a la estación ahí aproveché de conversar con el. Me contó que le gustaba mucho su trabajo, especialmente los niños que disfrutaban mucho el viaje, pero también las parejas de jóvenes que aprovechaban los túneles para declararse su amor, me contó también que durante el viaje se subían unas señoras a vender cosas para comer “las palomitas” les decían porque vestían de blanco, de un blanco muy albo como transmitiendo la pureza de sus almas y la calidad de sus dulces y sándwiches, tortaaaaaa, caballero siempre decían.
Pronto tuve que decir adiós pues Felipe me dio contacto y me hizo partir. A veces le costaba acostumbrarse a mis cambios que eran al revés de los cristianos. Me dio un golpecito en el capot y me dijo “aquí te quiero ver Antonella cuando subamos las cuestas” yo no sabía de lo que hablaba hasta que cerca de un lugar llamado Refugio de Halcones o algo así, me di cuenta que había una montaña, “chupallas” dije aquí se pone difícil la cosa. De repente se acabó el pavimento cerré mis focos y dije “ésta es mi pega” y seguí adelante, nos enfrentamos a un cerro, Felipe puso 3era luego 2da y finalmente primera, subimos lentamente pero sin perder el ánimo. De pronto sentimos los bocinazos de los bravucones “made in USA” rugiendo sus motores detrás de nosotros, prendían y apagaban las luces. En una parte mas recta de las subidas uno de ellos se nos adelantó y su dueño movió sus manos haciendo unos gestos extraños que mas tarde durante mis años entendería y me acostumbraría, nos gritaba diciendo saca la “taconeta”. Que podía hacer yo si los que diseñaron decidieron ponerme un motor pequeño, imagínense que al comienzo mi motor era de 13hp, el mío es de 33 hp, más grande pero pequeño comparados con los 200 de los Chevrolet o Ford.
El resto del viaje fue tranquilo ya que con la velocidad que tomaba en las bajadas me alcanzaba para subir la próxima cuesta.
Después de un par de horas mis focos vieron el mar, la playa, las casas, la gente y por supuesto mi amigo el tren que ya había desembarcado todo su cargamento de seres humanos que venían de muchos lugares de Chile.
Finalmente llegamos a nuestra casa, digo nuestra pues me sentía como parte de la familia y era su primer auto, despertaron los niños, se bajaron y me dijeron cariñosamente “gracias Antonella” y me dieron un par de besos en los tapabarros que me hicieron muchas cosquillas en el motor.
Hubo gran celebración, el profesor había llegado a la playa con la Citroen AX-330, como Diego de Almagro cuando descubrió Chile, el país más hermoso del mundo. Tenían preparado un asado para celebrar a la citroneta, que linda lucía aunque tenía polvo por todos lados ya que en aquel tiempo el camino no estaba pavimentado.
¡Mira que linda es!, decían algunos niños, ¡Que rara decían otros! Parece una tortuga ja, ja, ja reían pero nadie dejaba de dar una opinión, me tocaban, se subían, se bajaban, movían mis perillas, que suaves sus resortes…
Los grandes opinaban seriamente y hacían consultas a Felipe ¿cuánto sale una de estas? ¿A cuánto corre? ¿Es francesa o chilena?
Después del asado Felipe me llevó al jardín y me dijo: Mira Antonella te voy a echar una buena lavadita, siempre quiero tenerte así por fuera y por dentro, si Dios no quiere otra cosa seremos compañeros por muchos años. Me dejó impecable y me dejó dormir.
El fin de semana pasó y se acercaban los últimos días de vacaciones. Felipe bajaba con su familia a la playa casi todos los días para aprovechar al máximo y reponer energías para el nuevo año escolar que se aproximaba, estacionada a lado de la costanera aprovechaba de mirar a las personas que disfrutaban del mar, me imaginaba mojándome los neumáticos en esa agua fría que refrescaba el corazón. Todas las personas llegaban con sus canastas con huevos y pollos cocidos, sandías y frutas varias, igual me daba un poco de rabia porque cuando se iba dejaban la basura por todos lados será que a algunas personas no les gusta dejar limpio el lugar que usan, me preguntaba…
El año escolar comenzó, pero no era como otros años, la gente se veía triste y silenciosa como atemorizada. Felipe conversaba con su esposa y familia de lo que sucedía yo levantaba la antena y escuchaba atentamente. Las cosas ya no son iguales decía, en el colegio llegó un nuevo director y nos dijo que quería que al liceo los jóvenes fueran a estudiar y no a perder el tiempo con ideas de igualdad y que eso sólo acarreaba desorden y libertinaje.
Capítulo II
El tiempo comenzó a pasar, yo circulaba todos los días por la estación y saludaba a mi amigo tren del ramal que no descansaba ningún día del año siempre humeando y preparándose para la vuelta de la tarde. Yo también trabajaba mucho pues Felipe estaba trabajando ahora en dos colegios, sus hijas estaban creciendo y entraron también a estudiar: uniforme, útiles, buzo de gimnasia ya no alcanzaba con un sueldo. Amanda su esposa debía hacer milagros para administrar los fondos.
En cuanto a mí, Felipe ya no se preocupaba tanto de limpiarme y de mantenerme lavada, cosa que a mi tanto me gustaba, yo creo que apenas se acordaba de echarme bencina y un poco de aceite. De a poco me empecé a sentir enferma, no tenía la misma fuerza de antes además el aire de la playa estaba empezando a herir mis huesos lenta y silenciosamente. El ya no era el mismo de siempre andaba corriendo de un lado a otro, esas ganas de hacer bien las cosas también poco a poco se habían ido apagando yo sentía que se levantaba porque tenía la responsabilidad de su familia, ya no trabajaba como antes no dedicaba tiempo a escuchar a sus estudiantes y a dar buenos consejos como siempre lo hizo.
Un día sábado por la tarde escuché en mi radio que la fábrica de Arica, donde yo nací el año 1972 se había cerrado porque según se decía ya no podía competir con los autos japoneses que habían llegado pues el gobierno había abierto las puertas del país al comercio internacional, igual acá por la zona habían llegado mas hermanas mas modernas, ya no les tenían que tirar el “chupetito” partían sólo con la llave, tenían frenos de disco y neumáticos radiales aún así la gente empezó a preferir los japoneses que eran baratos y mas modernos?? Pan de molde les decían.
Un día cuando íbamos saliendo hacia el colegio Santa María en Cáhuil sentí que me dolía mucho la panza como que algo se me quebraba, era mi chassis no soportó mas el aire salino, Felipe me dejó junto a la estación y tomó un bus pues no podía llegar atrasado a las clases.
Me quedé con mucha pena y dolor, mi dueño no hizo mucho para ayudarme y me dejó junto a mi amigo tren que venía entrando al andén… También había algo extraño en él ya no era el mismo, sus colores brillantes ya no eran los mismos y la locomotora que la tiraba no era la misma ya no salía vapor de su chimenea, era un humo negro que ahogaba, Diesel le llamaban. Le pregunté que le pasaba, me dijo que la empresa tenía que financiarse, que el estado ya no iba a seguir poniendo mas dinero para subvencionar su recorrido que si no se financiaba debía dejar de correr. Me quedé pensando y observé a la gente que bajaba de los vagones ya no eran los mismos, venían muchos de Santiago, ya no usaban pelo largo, las canastas fueron reemplazadas por tupperware, las Bilz y Pap por cajas de vino y botellas de pisco, las palabras de sus bocas hervían de garabatos y palabras nuevas que desconocía ¡Cacha el tarro está pa la c…! ¡Tiene quebrado el chassis! ¡Se la comió el óxido! ¡No hay como un Daihatsu o un Suzuki! Y se alejaron hacia la playa.
Estuve mucho tiempo tirada hasta que Felipe volvió de Cáhuil. Eran como las 7 de la tarde cuando me llevó al taller que estaba al lado de la estación para que me revisaran. El mecánico le dijo que el chassis estaba quebrado y carcomido por el óxido y que había que hacer una reparación completa, que no aseguraba que quedara muy bien pues el cáncer había avanzado mucho, y que la reparación costaría mucho.
Felipe le dijo que debía esperar un poco para juntar el dinero. Me dejó en el taller y como no había mucho espacio y había comenzado el verano me dejaron afuera cubierta con un plástico. Me dio mucha pena porque no podría ver a la gente que iba a empezar a llegar a la playa, en diciembre llegaba bastante gente también y me gustaba ver a los niños que disfrutaban del mar que también habían cambiado también pero aún conservaban su inocencia.
El tiempo pasó y seguí esperado en el taller, escuché la voz de Felipe que le decía al mecánico que no había podido conseguir el dinero y que si le interesaba comprar la citroneta. Sentí mi motor fundirse de pena pues aquél hombre que me quiso tanto se estaba despidiendo sin decirme siquiera adiós.
Seguí en el taller hasta que el mecánico decidió arreglarme no fue mucho lo que hizo, un parche aquí y un parche por acá, me veía muy bien de nuevo pero yo sabía que no duraría mucho, luego me puso un letrero de “SE VENDE” y siguió en su trabajo como si nada esperando al siguiente dueño.
Así pasé mucho tiempo esperando y esperando. Un día se estacionó una Daihatsu Charade junto a mí, lo saludé y me miró con ojos de orgullo como diciendo nosotros somos el futuro. Se abrió una puerta y bajó Felipe, el querido profesor pensé que me venía a buscar pero sólo habló con el mecánico por si había algún interesado y luego se fue sin siquiera mirarme, lo observé y me di cuenta que mucha de su alegría se había apagado tal como mi chassis y el tren del ramal.
Un día mi amigo el tren ya no volvió mas, las voces se apagaron, la gente ya no bajó mas de los viejos vagones, las palomitas ya no ofrecieron mas sus productos, las parejas de pololos no se abrazaron mas, la estación quedó desierta acompañada sólo de los viejos rieles, perros y alguno que otro vagabundo, entregada a su suerte. Se llenó de pasto, tierra, colillas de cigarros, botellas de vidrio quebradas, cajas de vino, graffities y de seres humanos dispuestos a destruir y ensuciar todo. Yo también estuve a punto de morir cuando incendiaron la estación.
Dos años pasaron hasta que una persona pagó algo de dinero por mí y me llevó hasta Chimbarongo, yo pensaba que volvería a mis días de gloria pues mi nuevo dueño don Evaristo parecía un buen hombre, ¡no saben cuan equivocada estaba! De repente se subían 6 tipos e íbamos a trabajar al campo, me convertí en tarro con ruedas, mi tapiz se llenó de barro, mi piso se lleno de agua y óxido, mis neumáticos ya no tenían dibujos, aguanté un año completo así. Un día pasó lo inevitable, mi chassis se rompió definitivamente. Don Evaristo dijo que no valía la pena arreglarme pues por lo poco que había pagado por mí no valía la pena gastar en arreglos y con lo que yo le había dado durante el año tenía para el pié para el furgón nuevo.
Así estuve durante 15 años botada bajo un palto cubierta de latas, plásticos, basuras y malezas que fueron creciendo a mí alrededor hasta cubrirme casi por completo. Sólo los ratones, arañas y las aves que me usaron para dormir y como nido fueron mis compañeras durante todo ese tiempo. Los ratones se comieron todo lo que quedaba de mi tapiz beige que a esas alturas estaba negro de mugre.
Decidí cerrar mis ojos para siempre y esperar que mi tiempo llegara a su fin como todas las cosas de este mundo
Mientras dormía, recordaba los momentos que viví con la familia de Felipe, aquellas idas a la playa, al sur llegamos hasta Chiloé, con mis focos vi lugares hermosos llenos de verde, árboles y flores, gente buena que siempre alojó a mi familia siempre hubo un lugar para mí en alguna garaje o cochera para protegerme del frío o de la lluvia. Conocí lagos y ríos, montañas y otras playas siempre juntos.
De repente escuche gente en las cercanías conversando con Don Evaristo pues se sabía que él había tenido una. Si respondió, está bajo ese palto pero no creo que este muy buena, lleva tiempo ahí y ya han pasado muchos inviernos. ¿Se puede ver? dijo la persona, si, adelante, dijo Don Evaristo y comenzaron a sacarme los plásticos y los papeles acumulados. Miguel comenzó a revisarme y comentó que había mucho que hacer pero que le interesaba quedarse con ella. Acordaron el precio y al día siguiente volvió con algunas herramientas y un amigo llamado Don Pedro quien sabía mucho de ellas. Me amarraron a una lanza y me llevaron a San Fernando a un taller donde me encontré con muchas de mis hermanas que estaban siendo reparadas, estaba “la rosita” una AK-6 blanca, “la princesa” una ax-330 roja, la “joyita” una AZAM de un agricultor de Placilla y varias mas que estaban al fondo del taller esperando renacer o que permanecerán abandonadas por años.
Llevo años en el taller, me han repararon muchas cosas lentamente, día a día hoy ya tengo zapatos nuevos, mi chassis está como nuevo, tengo asientos buenos, alfombra, batería, mis frenos y el motor están como el primer día que llegué a Pichilemu, eso sí tengo puertas y partes de otras hermanas que se durmieron definitivamente y que no alcanzaron a ser rescatadas, Miguel dice que cuando haya ahorrado algo me va a llevar a otro taller para mi pintura. He visto en televisión que hay en el mundo miles de personas que nos aman y no nos olvidan. En Chile hay clubes donde los dueños de mis hermanas las cuidan y tratan como parte de su familia. Del tren del Ramal sólo quedan los recuerdos se dice que hubo un intento de recuperarlo pero por lo visto seguirá esperando hasta que las personas que aman este país valoren el patrimonio histórico y cuiden lo que miles de personas que dieron su vida por estos proyectos, se comprometan y lo repongan para que nuevas generaciones disfruten de este mágico viaje al mar.
FIN
Historia de citrola
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Re: Historia de citrola en PDF
Si alguien quiere una copia de la historia en PDF solicitenmela a mi mail Miguel.alarcon@redpathmining.cl
saludos
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Re: Historia de citrola en PDF
Muy buena historia... felicitaciones...michael escribió:Si alguien quiere una copia de la historia en PDF solicitenmela a mi mail Miguel.alarcon@redpathmining.cl
saludos
Seamos realistas... Soñemos lo imposible...